Desde hace varias décadas ha destacado el valor de la reflexión sobre la práctica, como una vía robusta para el aprendizaje docente y la mejora de la práctica que llevan a cabo en las diversas funciones educativas que desarrollan. Su consideración en los procesos de formación continua y desarrollo profesional docente permite abordar los problemas y desafíos que afrontan, recuperar los saberes y conocimientos que poseen, considerar las características del contexto en el que laboran, e impulsar el trabajo colaborativo entre colegas.

 

Reflexionar de manera colectiva permite a los docentes conocer otras prácticas y abrirse a puntos de vista que pueden ser mejores a los suyos; compartir experiencias y analizar situaciones que pueden representar un dilema y requerir una solución colectiva. Al compartir su experiencia, los docentes expresan opiniones sobre sus prácticas y contribuyen al mejoramiento común de la enseñanza, es decir, a la mejora educativa emprendida por todo el equipo y no solo de forma individual.

 

En la actualidad, los docentes pasan de manera solitaria en sus aulas, la mayor parte del tiempo escolar. El tiempo para el aprendizaje colaborativo con otros docentes es muy limitado y a veces nulo.

Se ha comprobado que, si en una escuela se trabaja en equipo, la mayoría de los docentes mejoran su trabajo.

En esta ocasión, ponemos a su disposición algunas ideas que pueden contribuir a la construcción de una comunidad que propicie la colaboración entre colegas.